Macondo hoy

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Macondo, aquel pueblo literario creado por nuestro Nobel Gabriel García Márquez – generador de historias repletas de personajes, lugares, sentimientos, emociones – recrea el lugar de una cultura sintiente que como la colombiana, posee tan diversos y complejos matices, tonos, formas y texturas a la hora de relacionarse como personas habitamos en su territorio.

Y es que la obra de Gabo no solo nos describe,majestuosamente, el universo macondiano sino que igualmente nos convida a reflexionar en torno a la forma en cómo las personas nos interrelacionamos, las unas con las otras, aquello que decimos y aquello que ocultamos, lo que subyace en lo profundo de nuestra identidad, nuestros sueños, ambiciones, frustraciones, miedos, la incertidumbre.

La narrativa de García Márquez, autor con el cual me he reencontrado a través de sus obras – después de una muy superflua aproximación a su literatura en mis años de juventud, desprovisto entonces de las herramientas necesarias para poder interpretar el calado de su capacidad descriptiva – revela valiosos detalles acerca de cómo pensamos los colombianos, cómo pensamos desde nuestras diferentes culturas, así la mayoría de sus historias acontezcan en una población cálida, en un departamento al norte de nuestro país. Su destreza literaria se eleva por encima de las fronteras territoriales, superando al tiempo, los dialectos y las clases sociales para aterrizar con admirable capacidad de análisis en la cultura del colombiano de hoy, tantas veces aprisionado en la celda de sus prejuicios, retenedor de una historia cuyo conflicto personal le aparta del todo y a la vez es el todo, es la misma cultura.

Las letras de Gabo no están muertas, tampoco se instalan en el pasado anecdótico de un pueblo caribeño, con personajes ficticios, empolvados, olvidados en los libros de las bibliotecas de nuestros colegios y escuelas. La obra de García Márquez late alinterior de un país que como Colombia aún conserva muchas de sus heridas no sanadas, las cuales ilusoriamente cubre con celebraciones superfluas como reinados, festivales, conciertos, novelas y una farándula criolla que obnubilan el pensamiento profundo y las discusiones necesarias sobre los temas que en realidad deberían ocuparnos como nación.Pareciera que en Colombia es preferible vivir de historias que construir nuestra propia historia.

La Hojarasca, La Tercera Resignación, Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, Ojos de Perro Azul y muchas más de sus obras dan pistas de una idiosincrasia que como la nuestra – moralista, llena de prejuicios, contra sí misma y contra el otro – está llamada a reinventarse, a fin de superar sus complejos,su patriarcado asfixiante y reconciliarse en el perdón, en el amor. Macondo es hoy Colombia y de nuestro aporte consciente o no, haremos de esta nación el cielo o el infierno que vivamos.