Hermoso enemigo

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Ralph Waldo Emerson, filósofo estadounidense del siglo XIX, acuñó la frase “Hermoso enemigo”, en un ensayo acerca de la amistad. Emerson señalaba que él no buscaba como amigo a alguien que le diera la razón en todo lo que dijese sino, por el contrario, alguien que lo desafiara, que lo presionara, que fuese ese Hermoso Enemigo que le ayudaría a alcanzar la verdad.


La expresión del filósofo norteamericano, además de sabia, cobra particular relevancia en los tiempos pre electorales que corren, cuando el próximo mes de mayo Colombia se apresta a elegir a su nuevo mandatario. Todo pareciera indicar que debería existir unanimismo en torno a cómo dirigir los destinos de nuestra nación. Es decir, independientemente del lado desde el cual se observe la contienda, ambos extremos de la cuerda política polarizan sus argumentos cuando no es que – en lugar de argumentar su propuesta de gobierno – la sustentación para su llegada a la Casa de Nariño se soporta sobre la base de descalificar al rival político. Conocemos más acerca de por qué no votar por su contendor que por qué votar por el aspirante en referencia.


No he escuchado, al menos no en profundidad, un debate serio, analítico, argumentativo, donde la humildad del líder aflore y diga “lo que mi opositor político sugiere, me parece una gran idea y si llego a ser el Presidente de los colombianos, sería sin dudas una política pública a considerar”. En el afán de ganar las próximas elecciones, es más importante derrocar al adversario que pensar la Colombia que nos urge, es más fácil deslegitimar al contrincante que sustentar el qué, el cómo y el cuándo de un gobierno incluyente, un gobierno que abarque a todos los 45 millones de colombianos, incluidos aquellos que no piensen igual, que no piensen como él, incluidos los votantes que no le dieron su sufragio.


Me cuesta trabajo calar más hondo en los discursos de quienes puntean en las encuestas. Y me cuesta hacerlo porque cada debate, cada entrevista, cada declaración, insisto en que independientemente del bando que proceda, naufraga en un mar de liviandad extrema, donde la forma se sobrepone al fondo y las propuestas que en realidad queremos escuchar los electores, quedan a la deriva para la interpretación de la opinión pública.


Los debates electorales, las campañas políticas y sus estrategias no son a favor de Colombia. Son en contra de quien en las encuestas le respira en la nuca. Así las cosas, el pueblo – donde en realidad radica el poder de la democracia – es depositario de odios generacionales, divisiones partidistas y una mayor polarización, terreno a partir del cual, gane quien gane las elecciones, el nuevo Presidente tendrá que edificar la nación presente y futura.


La política, como las relaciones firmes en la vida, se construye en el disenso. Aquel que piensa distinto a mi, me enriquece porque me desafía, porque brinda opciones a la lectura de mi racionamiento y me ayuda a encontrar la verdad. Pensar distinto no solo es valido. ¡Es

necesario! Necesitamos llegar a acuerdos en los desacuerdos, respetando las diferencias y sin miedo a represalias. Gestionar el desacuerdo como colombianos, es fundamental. ¡Crecemos como país a través de un hermoso enemigo!


(Los conceptos emitidos no comprometen a la RAP Eje Cafetero, entidad de la que soy su Director de Comunicaciones).