El libro como bote salvavidas

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Por Andrés García

El libro como bote salvavidas

Por Andrés García

“Los libros nos ayudan a sobrevivir en las grandes catástrofes históricas y en las pequeñas tragedias de nuestra vida”, Irene Vallejo. La cita de la filóloga española nos viene como anillo al dedo en los tiempos que corren.

De hecho, en todos, el maravilloso embrujo de la literatura ha conjurado situaciones adversas, permitiéndole al hombre alivianar su carga, exacerbar su espíritu y avanzar hacia la búsqueda del sentido de las cosas. A mi criterio, uno de esos potentes activadores de sentido es el arte, la literatura.

Desde tiempos inmemorables ese maravilloso viajero del tiempo, el libro – artefacto, dispositivo, pasaporte desde y hacia otras vidas – ha brindado compañía y soporte a la humanidad en los momentos más complejos, principalmente, además de constituirse en el registro físico de su frágil memoria.

Víctor Frankl, neurólogo y psiquiatra, afirmaba que los seres humanos son libres de decidir y adoptar una postura ante las condiciones internas y externas. Frankl comparte en su libro El Hombre en busca de Sentido su experiencia en los campos de concentración nazis en Auschwitz, en los cuales – pese a la dura situación acontecida – pudo sobrevivir a la adversidad gracias al desarrollo de la logoterapia, escuela de la psicoterapia que fundamenta su estudio en el principio que establece que la búsqueda de un propósito es la principal fuerza inspiradora del hombre. La lectura como propósito brinda al hombre claridad en su momento más oscuro y aciago.

El autor austríaco agrega que aunque se le despoje al hombre de todo, “la última libertad que nadie puede arrebatarle es la capacidad de elegir su actitud ante las circunstancias”, convirtiendo el sufrimiento en un logro. Los pliegues de la vida, el advenimiento de lo complejo, el reto, la enfermedad, el despido, la ruptura, la decepción, la muerte de un ser amado son maestros espirituales si logramos convertir dicha experiencia en una lección existencial, de donde se concluye que – finalmente – es más relevante la actitud asumida frente a lo que nos ocurre, que en sí lo que nos pasa. El epigrama es real.

El libro es un bote salvavidas porque acompaña al hombre en su solectud que no es lo mismo a la soledad. La solectud es un estado de epifanía mental, autenticidad, intimidad, reflexión, creación y reinvención personal individual, quizá aquel del que más adolece el ser humano y el sendero hacia el encuentro de respuestas a las múltiples preguntas.

La lectura alimenta la imaginación, aquieta la mente ruidosa, amplia el horizonte de la comprensión, brinda profundidad al análisis, vence la desesperación y ensancha el campo de la consciencia humana. No leer se nota más de lo que la gente cree. Es la puerta de acceso a la barbarie que desplaza el real sentido de las cosas, señala y aniquila el pensamiento del contrario.

Un buen propósito: LEER. La literatura ha salvado tantas veces a la humanidad que tener hoy una buena disposición hacia la lectura es una excelente opción para humanizar el pensamiento y navegar a flote en el embravecido océano de la sinrazón diaria.

Secretario de Cultura de Risaralda.