El fenómeno Bad Bunny

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Por Andrés García

El Súper Bowl, el evento deportivo donde cada año se disputa el campeonato de la Liga de Fútbol Americano, NFL, por sus siglas en inglés, reúne deporte y cultura cuando – en el medio tiempo – presenta a artistas de renombre internacional, en el marco de una festividad estadounidense, no oficial.

Desde 1967, cuando entonces el espectáculo artístico estuvo amenizado por bandas musicales de las Universidades de Arizona y Grambling, respectivamente, hasta la presente vigencia donde el boricua Benito Martínez, más conocido como Bad Bunny (El conejo malo), el espectáculo del medio tiempo ha generado todo tipo de reacciones, que bien vale la pena analizar.

Debo comenzar por decir que la primera vez que escuché una canción de Bad Bunny, no quedé a gusto. Por el contrario, me pareció que no tenía una buena voz y que sus letras eran irrespetuosas, en especial para con el género femenino. Sigo pensando igual, lo cual me lleva a preguntarme, ¿De dónde surge entonces el auge de su música? ¿Por qué es hoy el reguetonero y el artista latino más importante e influyente en Spotify, la plataforma de streaming de audio más importante del mundo?

Con 19.8 mil millones de reproducciones anuales y 104 millones de oyentes mensuales, más del doble de los habitantes de Colombia, la mirada de mi análisis ya no se enfoca en el artista, a quien le reconozco su lucha por obtener un sitio en la industria discográfica, sus Grammys, el performance en sus presentaciones que narran el acontecer cultural de su isla y, muy en particular, sus mensajes al saludar a la audiencia, muy diferentes a los de sus canciones: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. 

Destaco en Benito Martínez la defensa que promueve por los derechos de la comunidad latina en los Estados Unidos, la promoción de la unión de los pueblos del sur y su categórico rechazo al odio y las políticas migratorias, lo que me lleva a interpretar que su música, muy pegajosa por cierto, más que sugerir, recoge las expresiones de un vasto sector urbano, carente de oportunidades educativas y laborales, violentado por el estado, cuyo mérito se fundamenta en la lucha diaria por obtener alimento, techo y mejores condiciones de vida. Bad Bunny no propone un modelo social. Lo describe. De allí su estrepitoso éxito. De allí que el título de mi columna sea: El fenómeno B.B.

Como tarareo sus canciones, al igual que miles de millones de personas en el mundo, debo aceptar que su música impacta, para bien o para mal, pero lo hace. Lo que recoge de Willy Colon y Héctor Lavoe, me gusta mucho. 

En ese sentido, disfruto de la estructura de sus versos, así discrepe de algunos de sus contenidos. Eso para mí es un verdadero fenómeno. El arte es ese escenario de rebeldía donde el ser humano expresa genuinamente lo que la lógica no alcanza. Prefiero escuchar a B.B que escuchar acerca de la guerra absurda en Colombia, Venezuela, Ucrania o Medio Oriente.

* Secretario de Cultura de Risaralda.