Por Andrés García
No es un frase poética. ¡Es una realidad! La lectura disciplina el pensamiento, le da norte, dirección, método, profundidad, flexibilidad, curso, orden, holgura y visión, proporcionando herramientas que contribuyen a su fortalecimiento y, por ende, a la calidad de un funcionamiento óptimo y altamente propositivo.
La riqueza humana no se mide por el número de ceros a la derecha de una cuenta bancaria. El verdadero capital lo define la capacidad que tiene el hombre al momento de desarrollar habilidades, como por ejemplo aprender a observarse a sí mismo y su relación de interdependencia con el entorno, a partir de una nueva comprensión del mundo.
Dicha transformación nos induce necesariamente hacia la construcción de escenarios más incluyentes, solidarios, generosos, donde todas y todos quepamos en un mismo discurso social, sin distinción de raza, género, estrato social, formación académica, lugar de procedencia, preferencia sexual ni creencia religiosa.
Cambiar la manera de pensar en nuestra cultura, es comenzar a entender que el otro no es nuestro rival, sino un complemento sustancial. Pensar en binomio y no al unísono, pensar en equipo, reconocer la otredad, aprender a colocarse en los zapatos de los demás, es una fórmula que ha evidenciado altísimos beneficios personales y réditos sociales.
El desarrollo filogenético del ser no es suficiente, salvo el proceso natural de la evolución de la especie. En ese sentido, la interconexión neurológica debe de estimularse. ¡Es un fuego interior que hay que encender!
La necesidad crea el órgano decía Jean-Baptiste Lamarck. Los cambios en el medio ambiente generan nuevas necesidades en los seres vivos, de donde se concluye que para pensar y actuar mejor, no basta el devenir natural.
Hay que poner de nuestra parte. Se requiere de voluntad para aprender a pensar mejor y un mecanismo de activación es, si duda, la lectura. Quien lee, aprende a escuchar al otro.
Científicamente esta comprobada la manera cómo el cerebro es moldeable. A ese fenómeno se le denomina Neuroplasticidad. La lectura consciente estimula la sinapsis entre las neuronas, creando nuevas rutas para el pensamiento. De allí la explicación que algunas personas encuentren alternativas de solución a sus retos, en tanto otras, como dicen, se ahoguen en un vaso de agua.
Por supuesto que la vida trae dificultades y no todas tienen solución. Para las que sí, se requiere de un pensamiento distinto, el cual no llega por naturaleza. ¡Se crea!
Ese es uno de los grandes beneficios que aporta la lectura al ser humano, además de que nos permite aprender, entretenernos, dejar de mirarnos el ombligo, conocer más vidas y puntos de vista frente a una misma situación.
Eso es poder, eso es riqueza, eso es lo que necesitan el hombre y la mujer de hoy. Más libros, más libres. (Director de Cultura de Risaralda).





