EL VIEJO SAN JUAN

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Todos tenemos un sitio al que siempre hemos querido regresar. Tras 25 años de visitar la Isla del Encanto – época donde los bríos de mi juventud tenían por compañeras grandes expectativas frente a lo que sería mi experiencia en tierra boricua – regresé a Puerto Rico encontrando por anfitrión un sol radiante, cuyos rayos acariciaban las azules aguas del Mar Caribe, iluminando sus costas, en tanto a lo lejos la lluvia caía sobre El Fuerte, cual pincelada gris en una acuarela.

No hay nada como regresar a los sitios en los que hemos estado para confirmar – no cómo estos han cambiado sino – cómo hemos cambiado nosotros. Su tradicional encanto, unido a la salsa brava, una visión turística de alto nivel y esa dosis norteamericana tan presente, entremezclados con su arquitectura colonial – que contribuye a que la voz de esta tierra alcance horizontes lejanos, bajo el cadencioso acento de un pueblo cariñoso que reemplaza la letra R por las letras L y G: ¡Bienvenidos a Puelto Gico! – continúan. Aquí a las chicas las llaman jevas, a las llantas gomas y a las ventanas, cristales. No “te devuelven la llamada”. Te llaman “Pá Trás”, el equivalente idiomático del inglés “Call me back”. El carro es el coche y a este le echas nafta, no gasolina. By the way, no hay gasolineras, hay estaciones y, al igual que la presente frase, el spanglish es su dialecto oficial.

Siendo muy joven, lejano a cualquier afinidad con dicha profesión, me invitaron a modelar en Puerto Rico, producto del interés que un grupo de empresarios del espectáculo – próceres de la estética masculina en la isla – expresara ante unos registros que me hiciera en Bogotá la reconocida fotógrafa de portadas de revistas internacionales, Dora Franco. Ese fue el detonante de una faceta de mi vida que,  posteriormente, me abriría las puertas del sector en Santo Domingo y Miami. Si bien era cierto que el modelaje no entraba en mis proyectos, eran mayores mis deseos por  probar mundo. El deleite de los sentidos fue mi brújula. Fotografías, contratos, fiestas, viajes, playa y rumba, con gente de la que jamás volví a tener noticias, confirmaron lo desenfocado e inestable que era.

Cuatro lustros después, con varias batallas encima, algunas ganadas y otras pérdidas, me encuentro de nuevo en la isla, en otro nivel de conciencia, participando en varios workshop que fortalecen mi formación como Coach en Desarrollo Personal, extasiado, sintonizado con la magia del lugar y su energía, apreciando detalles nunca antes vistos y en excelente compañía. Entonces me pregunto ¿Quién soy? Como diría Wayne Dyer: “Soy un pedazo de la Fuente Universal, encarnado, co creador”, viviendo las experiencias que debo vivir para alcanzar mi propia evolución. Aquello que me produjo deleite a mis 20´s, fue ampliamente superado por el goce actual de mi espíritu. ¡Te bendigo por ello Puerto Rico del alma! En tu mar, en medio de tal sinfonía de energías, pude ver el reflejo de mi proceso y debo confesar que, aunque bien la tarea continúa, prefiero la imagen reposada que me devolviste – con algunas canas y mirar receptivo – que aquella versión jovial.

(Las opiniones expresadas no comprometen a la RAP Eje Cafetero, entidad de la que soy su Director de Comunicaciones).